«Es preferible dormir antes que nos de hambre». Desafíos de un paciente renal en cuarentena

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La otra cara de unidades de hemodiálisis en Carabobo. Familiares y personal médico revelan todo.
Foto: Cortesía

Asumir la tarea de asistir a un familiar enfermo es un escenario abrumador. Graciela Robles lo sabe porque durante los últimos 6 años de su vida se ha dedicado a velar por la salud de su hija, Alilibeth Ruiz, paciente renal de la Clínica del Riñón adscrita al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) que está en Naguanagua, estado Carabobo.

Para ella no es un sacrificio, es una lucha compartida, pero a sus preocupaciones comunes se han sumado otras con las que ya no cree poder lidiar ni en el plano físico, mental y económico. Hasta hace algunos días caminaba junto a su hija desde su casa hasta la clínica porque no tenía efectivo para pagar el pasaje de ambas; ahora que la gobernación de Carabobo ha dispuesto una ruta para el traslado de estos pacientes ya no debe hacerlo pero aún batalla con otro problema: el hambre en casa. 

«Este tapabocas que cargo ahorita me lo regaló el alcalde de Naguanagua que estuvo por ahí, yo lo hice de trapo, los tengo en mi casa, los lavo y los usó porque yo no gasto dinero en eso porque no tengo, vamos a estar claros, yo me mantengo con los bonitos que me caen de vez en cuando y le doy a mi hija, eso es muy poquito para la comida que está carísima», contó Robles.

El tener que «rasguñar» es un término que usa de manera frecuente para mostrar lo que ha tenido que hacer para sobrevivir. «Es preferible dormir antes que nos de hambre para aguantar el poquito de comida que nos queda», relató. Incluso aunque según Robles el agua y la luz no ha faltado en casa, en la Clínica del Riñon sí, cuando eso ocurre ha sido ella misma junto a otros familiares de pacientes, quienes han tenido que salir a buscar cisternas. 

Neila Zavala, ha sido camarera durante siete años en este centro médico; vive al sur de la ciudad de Valencia, a los alrededores de la Plaza de Toros, se traslada a su trabajo en autobús cuando su hermana puede prestarle algo de efectivo, de lo contrario debe optar por pedir «una cola» en plena avenida. Lo hace porque lo necesita, aunque el salario que devenga sea mínimo e insuficiente para mantener a los cinco miembros de su familia. 

Si alguien sabe cuánto ha decaído en estos últimos 25 años, la atención hospitalaria es la Dra. Yajaira Rodríguez, médico nefrólogo. «Antes teníamos de todo y ahora no; estamos más limitados con el material, con la situación que estamos viviendo con el coronavirus, el personal no tiene cómo cubrirse, no tiene tapaboca, cómo ves lo hacemos de tela porque el que llega es para los pacientes y ellos son los primeros que debemos cuidar». 

Durante esta cuarentena, su vocación por salvar vidas le ha permitido vencer las adversidades que se le han presentado. Se va caminando al trabajo porque no ha podido abastecer su vehículo de gasolina, las veces que lo ha intentado haciendo uso del salvoconductos se le ha impedido. Sin embargo, lo que más le preocupa a ella es lo que sucede dentro de la institución. 

«Nuestros pacientes normalmente deben recibir diálisis tres veces a la semana por cuatro horas, actualmente estamos dando dos veces a la semana tres horas y no solo por el déficit de gasolina sino por los problemas que tenemos dentro, hay máquinas dañadas que no hemos logrado recuperar. Hemos tenido que hacer turnos dos veces por semana y trabajar hasta las diez de la noche para que todos los pacientes se dialicen», explicó Rodríguez. 

Ante esta situación, solicitó a las autoridades regionales y nacionales a dirigir su atención a todos los centros de hemodiálisis que pertenecen al IVSS, con el suministro de insumos, reparo de máquinas y el traslado del pacientes y personal médico. «Si no se puede trasladar el personal de enfermería ¿quién dializa a los pacientes?», preguntó.

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